Aunque “calidad” es un término muy utilizado, rara vez significa exactamente lo mismo para todos. El atributo que otorga calidad a un producto o servicio varía según la percepción de cada persona: para algunas es durabilidad, para otras, confiabilidad. En la industria del software, perseguimos un atributo muy valioso: que sea “agradable de usar”. Para alcanzarlo, ya sea en el desarrollo de nuevos productos digitales o en proyectos de modernización de aplicaciones, realizamos pruebas de experiencia para verificar qué la “sensación” transmite el sistema cuando lo utilizamos.
A diario interactuamos con muchas aplicaciones en nuestros computadores, smartphones y tablets. Más allá de la capacidad de procesar rápidamente grandes volúmenes de datos prácticamente sin errores y de la velocidad de procesamiento, estas se caracterizan como herramientas realmente útiles si logramos entender fácilmente su interfaz y su comportamiento.
Las pruebas de experiencia, al igual que todas las demás, son una etapa primordial de la gestión de la calidad de las aplicaciones. Acompáñanos en este texto para entender cómo funcionan las pruebas de experiencia en el contexto de la Ingeniería de Calidad y cómo las ejecutamos.
Pruebas de experiencia: definiendo qué son (y qué no son)
En el post sobre pruebas que publicamos aquí en el blog de Inmetrics, las dividimos en dos grandes dimensiones. La primera se refiere a los actores que las realizan: las automatizadas son ejecutadas por robots, mientras que las manuales, por personas. La segunda se refiere a “qué” se prueba: si es una parte de la aplicación, realizamos pruebas unitarias; si es la relación entre ellas, son pruebas de integración.
Más allá de estas dimensiones, podemos categorizar las pruebas de distintas maneras. Desde una perspectiva, podemos agrupar las de usabilidad, accesibilidad y experiencia dentro del espectro de las pruebas de calidad centradas en el usuario.
En futuros posts detallaremos todas ellas. En este momento, para definir las pruebas de experiencia, lo más importante es diferenciarlas de las de usabilidad. Por eso, explicaremos brevemente estas últimas para que la diferencia quede más clara.
Las pruebas de usabilidad están enfocadas en las interfaces, buscando evaluar cuán fácil es el uso de una aplicación. A lo largo de las pruebas de usabilidad se inspeccionan el diseño de los elementos, la claridad de la información presentada, el flujo de navegación y el comportamiento general del usuario frente a la pantalla.
Las pruebas de experiencia van más allá. Buscan verificar cómo el usuario percibe —o “siente”— las aplicaciones. El uso del verbo “sentir” no es casual: el objetivo de las pruebas de experiencia es verificar sensaciones e incluso emociones del usuario frente a las interfaces. Más que comprobar diseños y flujos de navegación, las pruebas de experiencia buscan verificar si el usuario logra realizar lo que necesita, en el momento y de la forma esperados, todo ello con fluidez.
En otras palabras, las pruebas de experiencia analizan toda la jornada del usuario, buscando identificar si es lógica, intuitiva y eficiente. En el desarrollo de productos digitales o en proyectos de modernización de aplicaciones, la meta es generar una sensación de tranquilidad o incluso de placer y diversión al usarlas, y son las pruebas de experiencia las que verificarán esa percepción.
Automatizadas y, principalmente, manuales
A pesar de estar completamente enfocadas en la percepción humana, existen rutinas de automatización que ayudan en las pruebas de experiencia. Actualmente, parte de ellas son ejecutadas por aplicaciones estructuradas en redes neuronales artificiales, es decir, sistemas que funcionan como agentes de inteligencia artificial. Ya existen enfoques que utilizan sistemas de IA para inferir el desempeño de futuras mejoras de una aplicación a partir del comportamiento del usuario con la interfaz.
Además, existen herramientas, también utilizadas en pruebas de usabilidad, que se aplican en las de experiencia: medición del tiempo para realizar tareas, grabación de sesiones, mapas de calor de las interfaces, entre otras. Todas ellas también aportan datos a los informes finales de calidad de la experiencia.
Sin embargo, aunque son útiles, las automatizaciones y herramientas por sí solas no brindan datos concluyentes. Las pruebas de experiencia son fundamentalmente manuales, es decir, ejecutadas por personas mientras utilizan las interfaces.
Para que las aplicaciones sean aceptadas más rápidamente y utilizadas de forma integral por los usuarios para los cuales fueron desarrolladas, es altamente recomendable que las pruebas de experiencia se realicen a lo largo de todo el ciclo del producto, desde el MVP hasta la versión “final” del sistema. Si, durante el desarrollo, los datos recopilados en las pruebas de experiencia se analizan junto con los obtenidos en otras pruebas de calidad centradas en el usuario, aumentan las probabilidades de que la experiencia del usuario sea positiva.
Aquí en Inmetrics evolucionamos hacia un método de trabajo que elimina los límites entre pruebas, desarrollo y operaciones para aumentar la velocidad de implementación, reducir el tiempo de lanzamiento al mercado y asegurar el mayor ROI posible de sus aplicaciones. Capturamos datos extraídos de las pruebas desde la prueba de concepto, para que la versión “final” de la aplicación sea lo más alineada posible con la expectativa del usuario.
Todo esto porque la calidad es una directriz determinante en nuestra actuación. No es casualidad que hayamos sido identificados como una empresa líder en Continuous Testing en el ISG Provider Lens™ Next-Gen ADM Services Brazil 2022, además de destacarnos en el cuadrante Product Challenger en Application Quality Assurance.
Si tu empresa necesita mejorar la experiencia del usuario en el uso de aplicaciones, contáctanos y habla con uno de nuestros especialistas.
Desde la prueba de concepto hasta las entregas parciales y “finales”, diseñaremos y desarrollaremos tu aplicación completamente orientada a generar sensaciones positivas en el usuario.



